miércoles, 14 de marzo de 2012

La Psicofesia | Capitulo I

Capítulo I: “El punto sin retorno.”

Al final, solo era el… la idea de su solitario destino lo hacía llorar. Lloraba en silencio, con las lágrimas al borde de la locura; sus dedos buscaban lentamente por un toque limpio, fuera de esa roja agonía, dolorosamente anidada en todo su cuerpo.
Adormecido de todos sus sentidos, temblando como cuando una corriente fría invernal, escuchando en una voz perdidamente delicada las palabras “Te amo” una y otra vez.

Entonces se dio cuenta de que Courtney aun estaba viva. Se arrastro hasta ella con una fuerza desvaneciente y la tomo en sus brazos –“Oh, Courtney…”- se lamento, -“Que te hecho, mi amor?”- -“Todo esto es mi culpa!”- tomándola mas cerca a él, sintiendo como los ríos de sangre quemaban su piel con cada toque. –“Nunca quise hacer esto!”- -“No quiero perderte así!”- peinando su cabello con los dedos por última vez. Con su ultimo y corto aliento eterno, ella susurro –“Nunca dejare de amarte”- y con su último beso, el último aliento finalmente termino y con ello, su vida.

Tomándola contra su pecho lloro en un lamento por su eterno amor. Entonces él, tomo el anillo de oro blanco de la mano de ella y lo guardo en su bolsillo. Aun se encontraba muy confundido cuando escucho las sirenas acercándose lentamente con cada segundo que pasaba, paranoico por el sonido, se levanto y con las pupilas dilatadas desmoronándose en miedo se seco las lágrimas y comenzó a correr.

El no quería dejar su cuerpo ahí, tan grande era su amor por ella como para dejarla ahí como un trozo de papel, como otro pedazo de basura en la carretera. Para cuando decidió regresar por ella, era ya muy tarde. Los paramédicos y la policía se encontraban en la escena. Aun con lagrimas, vio desde una escondida esquina oscura como analizaron cuidadosamente su cuerpo con varias preguntas en la mirada, hasta sorprendidos por el evento, era muy extraño encontrar un cuerpo abandonado en medio del camino, con un disparo. Sin pista alguna, los paramédicos la tomaron y desaparecieron en silencio.

En ese momento de desesperación, juro recobrar su cuerpo, esa no era la forma en que la dejaría.

Al pasar de un par de horas el cielo se cubrió de oscuridad. Un saco negro y largo lo cubría como la noche cubría el cielo, la sangre en sus manos ahora seca estaba perdiendo su alarmante color y la mancha comenzaba a mezclarse con la textura de su piel.

Preguntándose y caminando sin dirección alguna aun atrapado en sus pensamientos, Van aun se preguntaba cómo es que todo termino tan mal, era su vida un error? Era él un monstruo? No entendía las muchas preguntas que su mente tenia al momento, solo estaba seguro de que Courtney estaba muerta y que todo era su culpa. El deseo por la muerte nunca había sido tan vital como lo era en ese momento para él, pero las preguntas que acuchillaban su mente no lo dejaban morir, necesitaba respuestas, pero también temía ahora de sí mismo. No hay mayor lucha que cuando uno lucha contra sí mismo, pensamientos se vuelven armas y situaciones se vuelven campos de batalla, las cicatrices y heridas son más letales de este modo y toman más tiempo para sanar… si es que lo hacen.

Recordando como solían bromear el uno al otro, Cortney y Van; su sonrisa era como un sol para él, pero ahora ese sol no volvería a brillar.
Al borde de la ruptura de una agonía de nervios y sin nada porque vivir, camino de vuelta a la vieja bodega donde vio al misterioso demonio que pareció darle algunas respuestas tratando de encontrar nuevas esta segunda vez.

Ya no le importaba si el demonio era real o falso, solo deseaba encontrar algún tipo de esperanza, no le importaba si le costaría su alma ante el demonio, tan solo quería ver su sonrisa una vez más, escuchar el latido de su corazón bailar como bailaba cuando ella lo vio por primera vez.

Casi corriendo con un rayo de ilusión y esperanza en sus ojos, abrió el portón de la bodega y grito –“Hola?”- con turbulencia en su voz como ahogándose en la oscuridad de la extraña soledad, esa ingrata soledad a la que le hablaba. El vacio nunca se sintió tan cruel, gritando desesperadamente –“Demonio…!!!”- -“Demonio???”- cayendo de rodillas y llorando una vez más.
Las frías paredes vacías de la bodega estaban aplastando sus pensamientos de esperanza de pared a pared y de piso a techo; cada pulgada de aire que respiraba se sentía tan intoxicante, no podía soportarlo más.

Esa noche, lamentos en forma de gritos se podían escuchar del techo de la bodega. Era la voz de un alma perdida, la voz de alguien escarbando cicatrices buscando una razón para vivir, era la voz… de Van Lamark.

Aullando como los hombres lobo hacen, en tan hermosa luna llena como esa noche, ahí la luna tomo a Van en sus brazos con cada segundo que pasaba.
Le seco las lagrimas de su cara y le canto hasta casi dormirlo, en un paralizante punto donde todo dolor desapareció, donde nada ya importaba.

Entonces sin aviso previo a su tempestad, cada pequeño detalle de lo ocurrido paso por sus ojos, como cuando alguien va, se sienta y observa una película. Entendiendo la crueldad de su destino, entendiendo por que todo paso tan rápido, tan engañosamente y sin control. –“Ahora comienzo a entender por qué todo sucedió”- susurro –“Poco pero entiendo”- -“Si tan solo hubiera entendido esto antes Courtney seguiría viva!”-

Recuerdos de sus momentos finales con ella circulaban una y otra vez en su cabeza, como un oleaje de un feroz océano reclamando sangre y venganza, reclamando por su vida. De pronto las frías paredes de la bodega susurraba en una leve voz al principio, pero subiendo de todo cada vez mas –“Matate, Van”- -“No mereces vivir”-
-“Brinca y termina tu miseria”- no quería escuchar las voces pero no podía evitarlo, aun con sus manos sobre sus oídos continuaba escuchándolas.

-“Detente!!!”- grito –“Déjenme en paz”- grito desesperado y caminando sin dirección resbalo del techo y cayó hasta la cera, ahí con un nuevo silencio y cansado de su sufrimiento, cerro sus ojos y comenzó a preguntarse –“Es esto no más que un sueño?”-, -“Podría solo despertar en mi cama como cualquier otro día y asegurar que todo esto es una mentira?”- escuchando de nuevo las palabras que había olvidado el día anterior que todo esto comenzara, palabras que su tío Vince le dijo, palabras que si tal vez hubiese escuchado, este punto sin retorno jamás hubiera existido…


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Volumen 2: "El Libro de Ecipse" 25.07.12

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