Capítulo I: “El
punto sin retorno.”
Al final, solo era el… la idea de su solitario destino
lo hacía llorar. Lloraba en silencio, con las lágrimas al borde de la locura;
sus dedos buscaban lentamente por un toque limpio, fuera de esa roja agonía,
dolorosamente anidada en todo su cuerpo.
Adormecido de todos sus sentidos, temblando como
cuando una corriente fría invernal, escuchando en una voz perdidamente delicada
las palabras “Te amo” una y otra vez.
Entonces se dio cuenta de que Courtney aun estaba
viva. Se arrastro hasta ella con una fuerza desvaneciente y la tomo en sus
brazos –“Oh, Courtney…”- se lamento, -“Que te hecho, mi amor?”- -“Todo esto es
mi culpa!”- tomándola mas cerca a él, sintiendo como los ríos de sangre
quemaban su piel con cada toque. –“Nunca quise hacer esto!”- -“No quiero
perderte así!”- peinando su cabello con los dedos por última vez. Con su ultimo
y corto aliento eterno, ella susurro –“Nunca dejare de amarte”- y con su último
beso, el último aliento finalmente termino y con ello, su vida.
Tomándola contra su pecho lloro en un lamento por su
eterno amor. Entonces él, tomo el anillo de oro blanco de la mano de ella y lo
guardo en su bolsillo. Aun se encontraba muy confundido cuando escucho las
sirenas acercándose lentamente con cada segundo que pasaba, paranoico por el
sonido, se levanto y con las pupilas dilatadas desmoronándose en miedo se seco
las lágrimas y comenzó a correr.
El no quería dejar su cuerpo ahí, tan grande era su amor
por ella como para dejarla ahí como un trozo de papel, como otro pedazo de
basura en la carretera. Para cuando decidió regresar por ella, era ya muy
tarde. Los paramédicos y la policía se encontraban en la escena. Aun con
lagrimas, vio desde una escondida esquina oscura como analizaron cuidadosamente
su cuerpo con varias preguntas en la mirada, hasta sorprendidos por el evento,
era muy extraño encontrar un cuerpo abandonado en medio del camino, con un
disparo. Sin pista alguna, los paramédicos la tomaron y desaparecieron en
silencio.
En ese momento de desesperación, juro recobrar su
cuerpo, esa no era la forma en que la dejaría.
Al pasar de un par de horas el cielo se cubrió de
oscuridad. Un saco negro y largo lo cubría como la noche cubría el cielo, la
sangre en sus manos ahora seca estaba perdiendo su alarmante color y la mancha
comenzaba a mezclarse con la textura de su piel.
Preguntándose y caminando sin dirección alguna aun
atrapado en sus pensamientos, Van aun se preguntaba cómo es que todo termino
tan mal, era su vida un error? Era él un monstruo? No entendía las muchas
preguntas que su mente tenia al momento, solo estaba seguro de que Courtney
estaba muerta y que todo era su culpa. El deseo por la muerte nunca había sido
tan vital como lo era en ese momento para él, pero las preguntas que
acuchillaban su mente no lo dejaban morir, necesitaba respuestas, pero también temía
ahora de sí mismo. No hay mayor lucha que cuando uno lucha contra sí mismo,
pensamientos se vuelven armas y situaciones se vuelven campos de batalla, las
cicatrices y heridas son más letales de este modo y toman más tiempo para
sanar… si es que lo hacen.
Recordando como solían bromear el uno al otro, Cortney
y Van; su sonrisa era como un sol para él, pero ahora ese sol no volvería a
brillar.
Al borde de la ruptura de una agonía de nervios y sin
nada porque vivir, camino de vuelta a la vieja bodega donde vio al misterioso
demonio que pareció darle algunas respuestas tratando de encontrar nuevas esta
segunda vez.
Ya no le importaba si el demonio era real o falso,
solo deseaba encontrar algún tipo de esperanza, no le importaba si le costaría
su alma ante el demonio, tan solo quería ver su sonrisa una vez más, escuchar
el latido de su corazón bailar como bailaba cuando ella lo vio por primera vez.
Casi corriendo con un rayo de ilusión y esperanza en
sus ojos, abrió el portón de la bodega y grito –“Hola?”- con turbulencia en su
voz como ahogándose en la oscuridad de la extraña soledad, esa ingrata soledad
a la que le hablaba. El vacio nunca se sintió tan cruel, gritando
desesperadamente –“Demonio…!!!”- -“Demonio???”- cayendo de rodillas y llorando
una vez más.
Las frías paredes vacías de la bodega estaban
aplastando sus pensamientos de esperanza de pared a pared y de piso a techo;
cada pulgada de aire que respiraba se sentía tan intoxicante, no podía
soportarlo más.
Esa noche, lamentos en forma de gritos se podían
escuchar del techo de la bodega. Era la voz de un alma perdida, la voz de
alguien escarbando cicatrices buscando una razón para vivir, era la voz… de Van
Lamark.
Aullando como los hombres lobo hacen, en tan hermosa
luna llena como esa noche, ahí la luna tomo a Van en sus brazos con cada
segundo que pasaba.
Le seco las lagrimas de su cara y le canto hasta casi
dormirlo, en un paralizante punto donde todo dolor desapareció, donde nada ya
importaba.
Entonces sin aviso previo a su tempestad, cada pequeño
detalle de lo ocurrido paso por sus ojos, como cuando alguien va, se sienta y
observa una película. Entendiendo la crueldad de su destino, entendiendo por
que todo paso tan rápido, tan engañosamente y sin control. –“Ahora comienzo a
entender por qué todo sucedió”- susurro –“Poco pero entiendo”- -“Si tan solo
hubiera entendido esto antes Courtney seguiría viva!”-
Recuerdos de sus momentos finales con ella circulaban
una y otra vez en su cabeza, como un oleaje de un feroz océano reclamando
sangre y venganza, reclamando por su vida. De pronto las frías paredes de la
bodega susurraba en una leve voz al principio, pero subiendo de todo cada vez
mas –“Matate, Van”- -“No mereces vivir”-
-“Brinca y termina tu miseria”- no quería escuchar las
voces pero no podía evitarlo, aun con sus manos sobre sus oídos continuaba
escuchándolas.
-“Detente!!!”- grito –“Déjenme en paz”- grito
desesperado y caminando sin dirección resbalo del techo y cayó hasta la cera,
ahí con un nuevo silencio y cansado de su sufrimiento, cerro sus ojos y comenzó
a preguntarse –“Es esto no más que un sueño?”-, -“Podría solo despertar en mi
cama como cualquier otro día y asegurar que todo esto es una mentira?”-
escuchando de nuevo las palabras que había olvidado el día anterior que todo
esto comenzara, palabras que su tío Vince le dijo, palabras que si tal vez hubiese
escuchado, este punto sin retorno jamás hubiera existido…
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Volumen 2: "El Libro de Ecipse" 25.07.12
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